La econometría y las decisiones políticas y empresariales
26 ENERO 2011
M. J. Mochales
Las teorías de las que se compone la llamada Ciencia Económica son predictivas, en tanto en cuanto convierten en objetivos reales unas hipótesis de resultados previsibles. Esa es la base con la que se confeccionan las diferentes políticas económicas. Teóricamente toda decisión política económica se adopta pensando en los intereses generales, en el bien de la sociedad. Previsiblemente antes de formalizar la decisión, siguiendo las pautas de esa ciencia económica, se proyectan resultados y se asumen como datos de la ecuación del decidir.
Es decir, en el estudio para la implantación de medidas económicas, siempre se pretenden conseguir unos resultados cuantitativos, por lo que parece justificable que en el estudio para la conveniencia o no en la toma de decisiones económicas, se incluya de forma sistemática la confección de modelos econométricos que apoyen la justificación de dichas medidas. Pero, ¿realmente en la implantación de medidas se utilizan modelos econométricos como soporte para el estudio de su aplicación? Y aquí es donde aparecen dos impedimentos: los intereses políticos y la falta de cualificación específica de los agentes que intervienen en la toma de decisiones.
Con las decisiones de política económica se trata de incidir en comportamientos sociales para alcanzar unos resultados, es lógico pensar que no solo deben tomarse en cuenta los deseos, preferencias o conveniencias de quien ejecuta la decisión, sino sobre todo y preferentemente la factibilidad, es decir, ver si eso que se quiere alcanzar y conseguir va a convertirse en realidad o simplemente quedarse en chasco.
Es, por tanto, preciso obtener una previsión de forma matemática con la ayuda de la estadística. Otra cosa es pensar en la exactitud de los resultados que la modelización econométrica determina, pero en cualquier caso siempre informará de la tendencia. Econometría es medida, es medir la economía. Al menos intentando relacionar todas las variables podríamos cuantificar lo predecible, y a la vez cualificar lo impredecible o lo que no depende exclusivamente de nuestras decisiones o medidas, porque afectarán las políticas, por ejemplo, de otros países. Pero obtendríamos una cuantificación y podríamos determinar el margen de error y las posibles desviaciones. Es un instrumento en nuestras manos. ¿Nos servimos de ello?
Los balances, las cuentas de resultados, los cuadros macroeconómicos, los análisis microeconómicos, son la traducción de la situación de la economía. Y, ¿qué instrumentos utilizamos para la toma de decisiones? ¿Intentamos estudiar de manera objetiva, o por el contrario siempre es pura intuición? La intuición es clave, pero utilicemos la báscula económica que tenemos al alcance, que es la econometría. La Econometría trabaja con datos, asunto que tenemos muy organizado a través del Instituto Nacional de Estadística, que recaba información permanentemente. Pero adolece éste de la elaboración de estudios adicionales que excedan de lo mero interpretativo de los resultados obtenidos.
Y se dice que es la econometría “una amalgama de teoría económica, economía matemática y estadística económica”, pero ¿no es la economía en sí misma una amalgama? Ha construido la econometría toda una metodología a nuestro alcance, con más o menos defectos de algunos modelos, con mayor o menor aplicación y de fiabilidad de resultados dependiendo de la materia a tratar, pero ahí está y obviarlo es un descuido. Seguramente no son precisos planteamientos extremadamente complejos y sofisticados para llegar a conclusiones certeras y útiles.
Y es que todo lo que nos permita simplificar y optimizar, se traducirá en calidad de vida para todos los habitantes de un país, en la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores de una empresa, en la mejora de la calidad de los productos fabricados. Centremos los asuntos. Tenemos instrumentos que nos lo permiten. Pongamos pues freno a la divergencia, que está generando tantos desajustes que imposibilita el encaje de recursos. A través de la comprobación empírica se obtiene la evidencia de las cosas, y eso ya no es discutible, y será entonces más difícil que prevalezcan los intereses particulares que contravengan los generales.
En cualquier negociación y deliberación deberían estar presentes los estudios econométricos. Permiten explicar y predecir. La evidencia empírica es lo que delimita el margen real de maniobra. No podemos gastar más de lo que tenemos ni ingresar más de lo que la economía permite, quizá la situación real no sea la más deseable, pero es que es la real, y la toma de una decisión fuera de ese ámbito está abocada al fracaso seguro porque no es viable o sostenible. Claro que las variables de intención política probablemente sustituirán a las variables del cálculo meramente estocástico, es decir, que políticos y agentes manipulen el modelo.
Refiriéndonos, por ejemplo, al asunto de las pensiones, deberían estar sobre la mesa los cálculos de las distintas propuestas y opciones, pero los cálculos matemáticos actuales y predictivos reales y no manipulados. ¿Se está haciendo así? ¿Quienes detentan el poder de decisión sobre el futuro de las pensiones son los técnicos y los conocedores del tema? Lo cierto es que solo se habla de ambigüedades que nunca deben servir para especular sobre el fondo del asunto. Y como este tema, un sinfín.
En asuntos como las subida de impuestos sería necesario aplicar los modelos econométricos a la optimización de la relación existente entre incremento de la presión fiscal y recaudación efectiva. Con la construcción de un modelo y la determinación clara de variables, conseguiríamos incrementar la recaudación de una forma equitativa y justa, minimizando la presión fiscal y, por tanto, minimizando la crispación social. ¿Se hace así realmente, con objetividad, o se busca favorecer a tal o cual colectivo para obtener réditos políticos?
Otro ejemplo importante sería la aplicación de modelos econométricos a la gestión de la Sanidad Pública, estableciendo prioridades, costes y asignaciones.
También nos permitiría adecuar las necesidades de gestión de los Ayuntamientos optimizando recursos, tamaño y servicios prestados.
Los modelos econométricos de asignación y control de costes sí han venido utilizándose en las grandes empresas, sobre todo cuando es preciso implantarlos en cadenas productivas donde los tiempos de ejecución tienen un papel importante, pero se utilizan vagamente en empresas pequeñas y en empresas de comercialización. Y las PYMES, ¿qué modelos deberían utilizar? ¿De dónde sacan los modelos válidos? Si están sometidas a una incertidumbre política, con medidas disparatadas y descompasadas, que imposibilita marcar estrategias y, en consecuencia, frena la toma de decisiones de inversión.
La Economía no es una ciencia exacta, porque es una ciencia social, pero sí es ciencia porque empíricamente podemos comprobar resultados. Incrementemos nuestro nivel de exigencia y trabajemos con todo lo que tengamos al alcance por el bien de todos, por el bien común.
En definitiva, y lo que quiero concluir, es que la econometría nos permite diseñar modelos económicos aplicables de forma tangible a infinidad de aspectos de la vida económica y seguro que, haciendo su elaboración más extensiva, mejoraría enormemente nuestra vida económica, que actualmente fluctúa entre las elucubraciones y los intereses.
Recopilado por: MARYLUZ PEÑA ALARCON
Disponible online: http://www.fundacioncivil.org/2011/01/la-econometria-y-las-decisiones-politicas-y-empresariales/